El “balconing”: otra consecuecia del “turismo basura”

Desde hace tiempo los responsables turísticos de diferentes Comunidades Autónomas y Ayuntamientos españoles, especialmente de Cataluña, Islas Baleares y Comunidad Valenciana, vienen manifestando el deseo y la necesidad de sustituir el llamado “turismo low cost” o “turismo basura” por un turismo de mayor calidad, conscientes de que, con el tiempo, el primero terminaría por ahuyentar al segundo, algo que parece estar ocurriendo ya este año al conocerse que el turismo en las costas mediterráneas españolas ha cedido en favor de otros destinos mediterráneos hasta ahora menos populares para el resto de europeos.

Es cierto que España es el destino preferido para el 25% de los europeos, pero, como indicamos, no es menos cierto que quienes prefieren disfrutar de unas vacaciones tranquilas y relajadas, muchas veces en familia, comienza a elegir destinos más tranquilos, alejados de las atestadas playas mediterráneas españolas y, lo que es más importante, alejados de las masificadas y muchas veces desagradables noches costeras, noches de borracheras, de alborotos y altercados en las que británicos y alemanes la mayor de las veces toman plena posesión y señorío de bares, cervecerías y restaurantes a pie de playa impidiendo que alguien transite por los paseos marítimos con total seguridad por su integridad física.

Y es que ya comienza a ser realmente desagradable elegir determinados destinos turísticos en las costas levantinas españolas: playas masificadas, chiringuitos masificados, noches masificadas, hoteles masificados y, por supuesto, riñas tumultuarias que son cita obligada a las puertas de cualquier bar en la noche mediterránea. Basta con pasearse por esa noche para comprender y comprobar de primera mano lo que indicamos.

Benidorm, Salou, Ibiza o Palma de Mallorca, son algunos de los destinos en los que lo indicado es más palmario: el no poder pasear por la playa por la noche tranquilamente porque te puedes encontrar cualquier cosa; el no poder salir a tomar una cerveza por miedo a salir trasquilado; el no poder ir a la playa a media mañana porque ya no encuentras sitio donde estirar la toalla; noches enteras sin dormir porque el hotel está copado por una jauría de borrachos que se pasan la noche cantando, gritando, golpeando las paredes, peleándose, recorriendo los pasillos del hotel y, ahora, practicando el “balconing”, un práctica esta última que ha venido a colmar el vaso de lo admisible y que, desde luego, no ayudan en nada al sector turístico en los tiempos que corren.

Y es que quien juega con fuego se quema, que es lo que está ocurriendo con buena parte del sector turístico español ahora mismo, especialmente en el caso del llamado “turismo de sol y playa”, un turismo en el que todo valía, valorándose más la cantidad que la calidad para que los números salieran al final de la temporada turística, de ahí que fuera inútil bajar a la recepción del hotel para reclamar que se impusiera orden al grupo de borrachos que estaba montando jarana, ya que, por lo general, ése u otro grupo de semejante calaña eran clientes fijos cada año en el hotel y éste no estaba dispuesto a espantar a tan “selecta clientela”, ni tan siquiera cuando esos energúmenos se dedicaban a saltar de balcón en balcón practicando el “balconing”, un juego que ya ha comenzado a preocupar a las autoridades por el elevado número de víctimas que este año ha comenzado a dejar.

Efectivamente, el “juego del verano” preferido entre británicos y alemanes, especialmente en el caso de las Islas Baleares, ha dejado ya cuatro muertos y una treintena de heridos, todos ellos jóvenes que, hasta las cejas de alcohol, buscaban emociones fuertes demostrando a sus amiguetes de lo que eran capaces. El “balconing” se está practicando especialmente en las zonas de Magaluf, Palmanova, El Arenal, Alcudia y Plaja d’en bossa en Ibiza, destinos todos ellos de las Islas Baleares, zonas que hace tiempo ya que se asocian al concepto de “tusimo basura”, de la misma forma que lo está siendo en los últimos tiempos Salou y su “Saloufest”, el paradigma del “turismo de borrachera” en el Mediterráneo y que evita que cualquier persona con dos dedos de frente elija esta localidad para disfrutar de sus vacaciones, ya que las hordas de borrachos por miles inundan cada verano sus calles y playas metiendo en el cuerpo a quien se cruza con ellos, algo que lo convierte en un destino especialmente desagradable.

Realmente es una pena que destinos como los señalados, se hayan convertido en el emblema del llamado “turismo basura”, los destinos elegidos por quienes han destrozado su imagen paradisíaca de antaño, una imagen difícil de recuperar especialmente en la situación de crisis actual, ya que en estos momentos resulta bastante goloso el conformarse con esta clase de turismo que, al menos, es fijo y no apostar por un turismo de mayor calidad que requeriría de importantes inversiones en campañas publicitarias y “mano dura” con los gamberros que se han convertido en dueños y señores de estas plazas turísticas, auyentando al turismo de calidad a otros destinos peninsulares o extranjeros.

La Consejería de Turismo del Gobierno Balear, ante los accidentes producidos por la práctica del “balconing”, se ha apresurado a afirmar que no deben generalizarse estos casos y que el mensaje que hay que transmitir al turismo es que las Baleares son “una destinación segura”, pero lo cierto es que el perfil que elige algunos destinos de las Islas está bastante alejado del tan ansiado “turismo de calidad”, siendo un ejemplo de ello el caso de Ibiza, un lugar paradisíaco que, sin embargo, se asocia a las macrodiscotecas, el consumo de drogas y las macroborracheras, algo que, desde luego, no ayuda a fomentar el turismo familiar que busca destinos tranquilos a cualquier precio y que, sin duda, mejoraría enormemente el sector turístico, hotelero y de restauración de estos lugares, así, cómo no, la calidad de vida de sus vecinos, los grandes olvidados de esta historia y que, año tras año deben soportar la invasión de borrachos por sus calles que han de ser controlados por las respectivas policías locales, otro dispendio de gasto público que en nada compensa los pocos ingresos que este tipo de turismo genera.

El “balconing” no es más que la punta del iceberg y otra de las consecuencias lógicas de un turismo poco recomendable y por el que se apostó desde hace tiempo por las costas mediterráneas españolas, con Cataluña, la Comunidad Valenciana y Baleares a la cabeza, con destinos como Salou, Benidorm e Ibiza como puntas de lanza, puntas de lanza que han perjudicado sobremanera al conjunto y que han provocado que otros lugares más tranquilos y que hace tiempo que apostaron por el turismo de calidad les hayan ganado la partida.

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